Ernesto llegó a mi vida hace 7 años.
Yo llevaba tiempo queriendo un perro. Me lo pedí para papá Noel, pero no llegó. Después, se lo pedí a los reyes, pero tampoco lo trajeron. Mi última esperanza era que alguien me lo regalara por mi cumpleaños.
Mientras estaba en clase una mañana del 24 de Enero de 2006, día de mi cumpleaños, no paraba de pensar que cuando llegara a casa tendría un precioso perro esperándome. Pero eso no ocurrió.
Cuando llegué, tenía otros regalos, pero no el que yo quería, a mi Ernesto. Fue tal la desilusión que mi madre accedió a ir a la protectora en busca de mi ansiado amigo. Y así hicimos. Yo estaba muy feliz sabiendo que esa misma tarde me iba a llevar a casa un peludo, a un compañero, a mi perro...
Pero en la protectora no había nadie, y me volví a casa con las manos vacías. Así que me pasé otra noche imaginando cómo iba a ser Ernesto.
Al día siguiente, llamamos a la protectora. Les dijimos que queríamos un perro o una perra, no me importaba demasiado. Tampoco su color, su raza (o mezcla), de dónde venía...Pero si que tuve preferencia en cuanto al tamaño, ya que al vivir en un piso, quería que fuera pequeño. "Y ya si era cachorro sería genial" pensé. Nos dijeron que en esos momentos no había ningún perro de tamaño pequeño, que nos avisarían cuando alguno llegara.
Yo lloré, lloré y lloré toda la tarde. ¿ Por qué tardaba tanto Ernesto en llegar a mi vida?
Pasaban los días y nadie me llamaba. Yo buscaba sin parar alguien que tuviera algún perrito que regalar, ya que si algo tenía claro es que no pensaba comprar un perro (no ya por el dinero, sino porque me parece algo aberrante), pero no lo encontraba...
Pero el día 31 de Enero, a las 18:30 sonó mi teléfono. ¡Eran de la protectora! Sólo dijeron que había llegado un cachorro de tamaño pequeño y macho.¡Qué emoción! Pensé que enloquecía haciendo conjeturas sobre cómo sería Ernesto de camino a recogerle.
Cuando llegamos allí me temblaba todo. Vi a la mujer que se encarga de la protectora, de pie, esperando a que aparcáramos, y de su chubasquero verde salían dos enormes orejas. "¡Está ahí mamá!" le gritaba a mi madre.
Cuando bajamos del coche, la mujer abrió su chubasquero y del él, salió el perro más bonito que he visto en mi vida, mi perro, mi Ernesto.
Le cogí y en ese momento sentí una felicidad que hacía tiempo que no sentía. Estaba pasando por un mal momento, el peor de lo momentos, pues mi padre hacía un par de meses que había fallecido. Así que Ernesto, con su sola presencia, hizo que volviera a sonreír. Y para devolverle el favor, le prometí darle la mejor vida posible. Y desde entonces, lo intento cada día.

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